De medio pelo.
A la problemática anterior se suma nuestra costumbre de criticar las ideas de los demás, se puede decir, por el sólo hecho de criticar y sin un análisis realmente objetivo. Casi nunca tenemos la actitud de ser positivos con la idea contraria, salvo que sea nuestra o de nuestro jefe o superior. Además, en muchas ocasiones opinamos con el corazón y nos dejamos llevar por nuestros sentimientos y lo peor de esto es que ni cuenta nos damos cuando nos dejamos envolver por las emociones, pues juramos que somos totalmente objetivos. Son estos aspectos los que limitan la efectividad de la reunión, no se llega a resultados adecuados y no sabemos por qué sucede y hasta lo tomamos como parte de una comunicación normal, aunque estos problemas la limiten mucho. Sócrates, por su origen, pertenece al más bajo pueblo: Sócrates fue un plebeyo. Se sabe, puede observarse, cuán feo fue. Mas la fealdad, de suyo una objeción, entre los griegos es poco menos que una refutación. ¿Fue Sócrates de veras un griego? La fealdad es con harta frecuencia la expresión de una evolución trabada, inhibida por cruce de razas. O si no, aparece como evolución descendente. Los criminalistas antropólogos nos dicen que el delincuente típico es feo monstrum in fronte, monstrum in animo. Mas el delincuente es un décadent. ¿Sería Sócrates un delincuente típico? Ciertamente no desmentiría esta hipótesis ese famoso dictamen de un fisónomo que tanto escandalizó a los amigos de Sócrates. Un forastero entendido en fisonomías, de paso en Atenas, le dijo en la cara a Sócrates que era un monstrum, que llevaba en sí todos los malos vicios y apetitos. Y Sócrates se limitó a contestar: “¡Usted me conoce, señor!” Que Sócrates fue un décadent lo sugiere no sólo el admitido desenfreno y anarquía de sus instintos, sino también la superfetación de lo lógico y esa malicia de raquítico que lo caracteriza. No pasemos por alto tampoco esas alucinaciones auditivas que como “demonios de Sócrates” han sido interpretadas en un sentido religioso. Todo en él es exageración, buffo, caricatura; todo en él es al mismo tiempo oculto, solapado, furtivo. Trato de comprender la idiosincrasia de la que deriva esa ecuación socrática: razón igual a virtud igual a felicidad; es la ecuación más bizarra que pueda darse y que en particular está reñida con todos los instintos de los primitivos helenos. Con Sócrates, el gusto griego experimenta un vuelco en favor de la dialéctica; ¿qué significa esto, en definitiva? Significa, sobre todo, la derrota de un gusto aristocrático; con la dialéctica triunfa la plebe. Antes de Sócrates, la buena sociedad repudiaba las maneras dialécticas; éstas eran tenidas por malos modales y comprometían. Se prevenía contra ellas a la juventud. También se desconfiaba respecto a la forma de argumentar. Las cosas decentes, como las personas decentes, no llevan sus razones de esta manera en la mano. No es decoroso mostrar los cinco dedos. Lo que necesita ser probado, poco vale. Donde la autoridad forma todavía parte de las buenas costumbres y no se argumenta, sino se ordena, el dialéctico es una especie de payaso; la gente se ríe de él, no lo toma en serio. Sócrates fue el payaso que se hizo tomar en serio. ¿Qué significa esto, en definitiva? Sólo opta por la dialéctica quien no dispone de otro recurso. Sábese que ella despierta suspicacia; que tiene escaso poder de convicción. Nada hay tan fácil de borrar como el efecto de un dialéctico, según lo prueba la experiencia de cualquier reunión donde se habla. La dialéctica no puede ser más que un recurso de emergencia, en manos de personas que ya no poseen otras armas. Sólo quien tiene que imponer su derecho hace uso de ella. De ahí que los judíos fueran dialécticos, y lo fue el zorro de la fábula. Entonces, ¿lo sería también Sócrates? ¿Sería la ironía de Sócrates una expresión de rebeldía, de resentimiento plebeyo? ¿Goza él acaso, como oprimido, con la ferocidad propia de las cuchilladas del silogismo? ¿Se venga de las clases aristocráticas que fascina? Como dialéctico, uno maneja un instrumento implacable; con él puede dárselas de tirano; triunfando compromete. El dialéctico lleva a su contrincante a una situación donde le corresponde probar que no es un idiota; enfurece y reduce a la impotencia a un tiempo. Despotencia el dialéctico intelectualmente a su contrincante. ¿Será entonces la dialéctica de Sócrates una forma de la venganza? Ya no nos apreciamos lo suficiente si nos comunicamos. Nuestras experiencias propiamente dichas no son en modo alguno locuaces. Ni siquiera podrían comunicarse, pues les faltan las palabras. Lo que sabemos expresar en palabras, ya lo hemos dejado atrás. En todo hablar hay algo de desprecio. Parece que el lenguaje está inventado únicamente para lo ordinario, lo medio, lo comunicable. Con el lenguaje se vulgariza el que habla. (De una moral para sordomudos y otros filósofos.) “¡Es encantadora esta imagen!”... La historia, insatisfecha, excitada, desolada en el corazón y las entrañas, pendiente en todo momento, con una curiosidad dolorosa, del imperativo que desde las profundidades de su organismo susurra “aut liberi aut libri”; la literata, lo suficientemente culta para entender la voz de la Naturaleza, incluso cuando habla en latín, y, por otra parte, lo suficientemente vanidosa y estúpida para decir aun en francés para sus adentros “je me verrai, je me lirai, je m'extasierai et je dirai: Possible, que j'aie eu tant d'esprit?” Hablan los “impersonales”. “Nada nos es tan fácil como ser sabios, pacientes, superiores y serenos. Chorreamos aceite de indulgencia y simpatía; somos de una manera absurda justos; perdonamos todo. Por eso mismo debiéramos desarrollar en nosotros de tanto en tanto un pequeño afecto, un pequeño vicio de afecto. Tal vez nos cueste; tal vez nos riamos, entre nosotros, de la figura que encarnamos. Pero no tenemos más remedio. No nos queda ya ninguna otra forma de autodisciplina; tal es nuestro ascetismo, nuestra penitencia”... Volverse personal, he aquí la virtud del “impersonal”...De un examen de doctorado. “¿Cuál es la tarea de toda enseñanza superior?” Hacer del hombre una máquina. “¿Cómo se consigue esto?” El hombre debe aprender a aburrirse. “¿Cómo se consigue esto?” Mediante la noción del deber. “¿Quién es su mrdelo en esta ocasión?” El filólogo, que enseña a trabajar como un burro. “¿Quién es el hombre perfecto?” El empleado del Estado. “¿Qué filosofía ofrece la fórmula suprema para el empleado del Estado?” La de Kant el empleado del Estado como cosa en sí, proclamado juez del empleado del Estado como apariencia. El derecho a la estupidez. El trabajador cansado de lento respirar y aire bonachón que , deja correr las cosas; esta figura típica que uno encuentra ahora, en esta época del trabajo (¡y del Reich!) en todas las capas de la sociedad, reivindica hoy día precisamente el arte, incluido el libro, en particular el diario; júzguese en cuánto mayor grado la bella Naturaleza reivindica a Italia... El hombre del atardecer, con los “impulsos fieros expirados”, de que habla Fausto, tiene necesidad del lugar de veraneo, de la playa de mar, de los ventisqueros, de Bayreuth... En tiempos así, el arte tiene derecho a la locura pura, como una especie de vacaciones para el espíritu, el ingenio y el ánimo. Así lo entendió Wagner. La locura pura repone...Habla el inmoralista. Nada repugna tanto al filósofo como el hombre que desea... Cuando ve al hombre exclusivamente en sus actos; cuando ve a este animal más valiente, astuto y denodado extraviado hasta en trances laberínticos, ¡cuán admirable se le aparece el hombre! Y aun lo alienta... Desprecia el filósofo, en cambio, al hombre que desea, también al hombre “deseable”, y en un plano general, todas las deseabilidades, todos los ideales humanos. Si el filósofo pudiese ser nihilista lo sería, pues detrás de todos los ideales del hombre encuentra la nada. O ni siquiera la nada, sino lo ruin, lo absurdo, lo enfermo, lo cobarde, lo cansado, toda clase de heces de la copa vaciada de su vida... El hombre, que en tanta realidad es siempre vulnerable, ¿cómo es que no merece respeto en cuanto desea? ¿Será que tiene que pagar por la capacidad que lo distingue como realidad?, ¿que tiene que compensar su actividad, la tensión mental y el esfuerzo de voluntad en toda actividad, por una relajación en lo imaginario y lo absurdo? Considerando la enorme actividad que debe realizar mi sistema nervioso, me asombra su sutileza y su resistencia maravillosa: largos y pesados sufrimientos, una profesión inapropiada, ni siquiera una terapéutica equivocada han podido dañarlo en lo esencial; por el contrario, el año pasado se afirmó y gracias a él pude producir uno de los libros más valientes, más elevados y más reflexivos que alguna vez hayan podido nacer de un cerebro y de un corazón humano. Incluso si hubiera puesto fin a mis días en Recoraro, hubiese muerto uno de los hombres más inflexibles y mas circunspectos, y no un desesperado. Mis cefalalgias son muy difíciles de diagnosticar, y en cuanto a los materiales científicos necesarios para eso, sé que no importa de qué médico se trate. Sí, mi orgullo científico se ofende cuando usted me propone nuevas curas y parece creer que yo “me abandono a la enfermedad”. ¡Téngame confianza también en cuanto a esto! Hace sólo un año que prosigo el tratamiento y si antes cometí faltas fue por haber cedido y experimentado lo que otros me aconsejaban con apresuramiento. Así pasó con mis estadías en Naumburg, en Narienbad, etcétera. Por otra parte, todo médico comprensivo me dejó entrever que una cura se daría al cabo de muchos años, y que ante todo me hace falta desembarazarme de las repercusiones graves que resultaron de los falsos métodos con los que me trataron durante tan largo período... En adelante seré mi propio medico y quiero que se diga, además, que habré sido uno de los buenos -y no sólo para mí mismo. En cualquier caso, me preparo todavía para muchos períodos dolorosos; no se impacienten, ¡se los suplico de todo corazón! Eso es lo que me impacienta más que mis propios sufrimientos, porque me prueba qué poca fe en mí mismo tienen mis parientes más próximos. Estoy asombrado, realmente maravillado. -Tengo un predecesor ¡y que uno! Casi no conocía nada de Spinoza: el que yo lo buscara precisamente ahora fue un “acto del instinto”. No sólo que su tendencia general es igual a la mía -de convertir el conocimiento en el mas poderoso de los impulsos- me identifico con cinco puntos principales de su doctrina: éste, el más inaudito y más solitario de los pensadores es el más cercano a mí precisamente en esas cosas: niega el libre albedrío, las finalidades, el orden cósmico/ético, lo no egoísta, lo malo [...] mi soledad es ahora al menos una soledad a dúo. El sol de agosto está sobre nosotros, el año corre, un silencio más grande, una paz más grande recomienzan sobre las montañas y en los bosques. En mi horizonte se levantan pensamientos que nunca había visto, ¡no los dejaré traslucir y me mantendré en el seno de una calma impasible! ¡Ah, mi amigo, a veces me atraviesa la sensación de que después de todo vivo un vida tan peligrosa porque soy de esa clase de maquinas que pueden EXPLOTAR! La intensidad de lo que siento me da escalofríos y risa -ya me pasó muchas veces no poder dejar la habitación, bajo el pretexto risible de que mis ojos estaban inflamados, ¿de qué? El día anterior a cada una de esas oportunidades, durante mis vagabundeos, lloraba demasiado, no lágrimas sentimentales, sino de alegría: y en medio del llanto, cantaba y profería cosas absurdas, colmado de una nueva visión que tuve antes que todos los hombres. A fin de cuentas -si no pusiera tanta fuerza en mí mismo, si necesitara esperar la aprobación, el ánimo, el cosuelo de afuera, ¡dónde estaría! ¡Quién sería! Realmente hubo instantes y períodos enteros de mi vida (por ejemplo el año 187
en que hubiese sentido un asentimiento, un apretón de manos en señal de aprobación como el mayor de los consuelos y precisamente entonces, habiendo podido hacerme un bien, aquellos me dejaron en manos de quien yo creía que podía confiar. En adelante, yo no espero nada y sólo experimento con tristeza cierto estupor cuando pienso en las cartas que ahora recibo -todo es ahí tan insignificante, nadie sintió nada por mí, nadie tiene la menor idea acerca de mí-; lo que se me dice es respetable y condescendiente, pero distante, distante, distante. Incluso nuestro querido Jacob Burckhardt me escribe cartitas opacas y pusilánimes. Querido señor catedrático. Al fin y al cabo preferiría ser catedrático en Basilea que Dios, pero no me he atrevido a llevar tan lejos mi egoísmo privado para desatender por su causa la creación del mundo. Como usted sabe, de alguna manera hay que saber hacer sacrificios, en cualquier lugar donde uno viva. Sin embargo reservé un pequeña habitación de estudiante, situada frente al Palazzo Carignano (en el que nací como Vittorio Emanuel), que además me permite oír sentado a la mesa la soberbia música ejecutada debajo, en la Gallería Subalpina. Pago 25 francos con el servicio incluido, me hago yo mismo el té y las compras, sufro por los zapatos agujereados, y a cada momento doy gracias al Cielo por el mundo antiguo, con el que los hombres no han sido lo bastante simples, ni lo bastante silenciosos. Como estoy destinado a divertir a la próxima eternidad con malas farsas, tengo aquí un escritorio que, sinceramente, no deja nada que desear ni ofrece nada para agotar. El correo está sólo a cinco pasos, ahí echo mis cartas en el buzón, para convertirme en el gran folletinista del gran mundo. Naturalmente, me encuentro en estrechas relaciones con el Figaro y, para que pueda hacerse la idea de que mi manera de ser no podría ser más inofensiva, escuche mis dos primeras farsas
Fumar más que la pipa de un indio.
Ya hemos visto, en el libro I, cap. IV (pp. 110 13
, (cómo se convierte el dinero en capital y más adelante, en el libro I, cap. XXI (pp. 512–524) (reproducción simple), que el valor–capital, aunque desembolsado, no debe considerarse gastado, ya que, después de recorrer las diversas fases de su ciclo, retorna a su punto de partida, enriquecido, además, por la plusvalía. Esto es lo que caracteriza al valor–capital como desembolsado. El tiempo que transcurre entre su punto de partida y su retorno es el tiempo con vistas al cual se desembolsa. Todo el ciclo que recorre el valor–capital, medido por el tiempo que media entre su desembolso y su retorno, constituye su rotación, y la duración de ésta forma un período de rotación. Una vez transcurrido este período, terminado el ciclo, el mismo valor–capital puede iniciar de nuevo el mismo ciclo, y por tanto valorizarse de nuevo, producir nueva plusvalía. Sí el capital variable describe, como en el caso A, diez rotaciones al año, con el mismo desembolso de capital podrá obtenerse diez veces en el transcurso del año la masa de plusvalía que corresponde a un período de rotación. Chicas compañía Madrid Si concebimos la sociedad no al modo capitalista, sino al modo comunista, desaparecerá completamente el capital–dinero y, por tanto, el disfraz de las transacciones realizadas por medio de él. El problema se reducirá, sencillamente, a que la sociedad calcule de antemano la cantidad de trabajo, medios de producción y medios de subsistencia que puede emplear sin quebranto de ninguna de las ramas industriales que, como la construcción de ferrocarriles, por ejemplo, pasan largo tiempo, un año o más, sin suministrar medios de producción ni medios de subsistencia, ni rendir efecto útil alguno y que, sin embargo, sustraen trabajo, medios de producción y medios de subsistencia a la producción global anual. En cambio, en la sociedad capitalista, donde la razón social se impone siempre post festum (19) pueden producirse y se producen necesariamente y sin cesar grande perturbaciones. Por una parte, presión sobre el mercado de dinero, mientras que, a la inversa, las facilidades de este mercado provocan a su vez empresas de éstas en masa, es decir, aquellas circunstancias precisamente que más tarde presionarán sobre el mercado de dinero. El mercado de dinero se ve presionado porque aquí se hace necesario constantemente, durante un largo período de tiempo, el desembolso de capital–dinero en gran escala. Esto, sin tener en cuenta para nada que ciertos industriales y comerciantes lanzan a especulaciones ferroviarias, etc., el capital dinero necesario para la explotación de sus industrias o negocios, reponiéndolo en el mercado de dinero por medio de empréstitos. Por otra parte, presión sobre el capital productivo disponible de la sociedad. Como constantemente se sustraen al mercado elementos del capital productivo, sin que se lance al mercado más que un equivalente en dinero para reponerlos, esto hace que aumente la demanda solvente, sin ir acompañada por elemento alguno de oferta. Esto se traduce en el alza de los precios, tanto los de los medios de subsistencia como los de los materiales de producción. A esto hay que añadir que en tales períodos suele desarrollarse la especulación y se efectúan grandes transferencias de capital. Los especuladores, los corredores, los ingenieros, los abogados, etc., amasan grandes riquezas. Provocan en el mercado una fuerte demanda de consumo y hacen, paralelamente, subir los salarios. Es cierto que, por lo que se refiere a los productos alimenticios, esto sirve de acicate a la agricultura. Sin embargo, como estos productos alimenticios no pueden multiplicarse repentinamente, dentro del año, aumenta su importación, y en general la importación de artículos alimenticios exóticos (café, azúcar, vino, etc.) y de artículos de lujo. Esto conduce al exceso de importación y a la especulación en esta rama comercial. De otra parte, en las ramas industriales en que puede incrementarse rápidamente la producción (manufacturas en sentido estricto, minería, etc.) el alza de los precios provoca una repentina dilatación, seguida inmediatamente de la bancarrota. Y el mismo efecto se produce en el mercado de trabajo para atraer hacia las nuevas ramas industriales a grandes masas de la superpoblación relativa latente e incluso de los obreros que trabajan. Empresas de éstas en gran escala, como los ferrocarriles, sustraen al mercado de trabajo una determinada cantidad de fuerzas que sólo pueden proceder de ciertas ramas, tales como la agricultura, etc., donde se emplean exclusivamente hombres robustos. Este estado de cosas se mantiene, incluso, cuando ya las nuevas empresas se han convertido en ramas industriales permanentes, que disponen, por tanto, de la clase obrera ambulante de que necesitan. Tan pronto como, por ejemplo, la construcción de un ferrocarril se mantiene momentáneamente en una escala mayor que la media, se absorbe una parte del ejército obrero de reserva cuya presión mantenía bajos los salarios. Estos tienden en general a subir, incluso en las partes del mercado de trabajo en que hasta ahora no existía escasez de éste. Y este estado de cosas dura hasta que el inevitable crack vuelve a dejar libre al ejército obrero de reserva y los salarios descienden de nuevo a su nivel mínimo y aun por debajo de él.1 Escorts Valencia Segundo. Según la ley ricardiana del valor, dos capitales que emplean la misma cantidad de trabajo vivo y con la misma remuneración, producen en tiempos iguales –suponiendo que todas las demás circunstancias sean idénticas– productos de igual valor y plusvalía o ganancia en cantidad también igual. Pero sí emplean cantidades desiguales de trabajo vivo, no pueden producir una plusvalía, o, como dicen los ricardianos, una ganancia de tipo igual. Pues bien, lo que ocurre es precisamente lo contrario. En realidad, capitales iguales, cualquiera que sea la cantidad, pequeña o grande, de trabajo vivo que empleen, producen en tiempos iguales por término medio, ganancias iguales. Se encierra aquí, por tanto, una contradicción a la ley del valor, contradicción descubierta ya por Ricardo, y que su escuela fue también incapaz de resolver. Rodbertus vio también esta contradicción; pero, en vez de resolverla, la convirtió en uno de los puntos de partida de su utopía (Zur Erkenntnis, etc., p. 131). La tal contradicción había sido ya resuelta por Marx en el manuscrito titulado "Contribución a la crítica, etc."; la solución se encuentra, con arreglo al plan de El Capital, en el libro III. Aún habrán de pasar varios meses antes de su publicación. Por tanto, los economistas que pretenden descubrirnos en Rodbertus la fuente secreta de Marx y un precursor aventajado de éste, tienen aquí una ocasión de demostrarnos lo que puede dar de sí la economía rodbertiana. Si son capaces de explicarnos cómo, no ya sin infringir la ley del valor, sino sobre la base precisamente de esta ley, puede y debe formarse una cuota medía de ganancia igual, entonces discutiremos mano a mano con ellos. Pero, tienen que darse prisa. Las brillantes investigaciones contenidas en este libro II de El Capital y los novísimos resultados a que llegan en terrenos que hasta aquí apenas había pisado nadie, no son más que las premisas para el contenido del libro III, en el que se desarrollan los resultados finales de la exposición marxista del proceso social de reproducción, sobre la base capitalista. Cuando este libro III vea la luz, ya casi nadie se acordará de que existió un economista llamado Rodbertus. http://www.girlsbcn.com.es Por tanto, durante el ciclo anual de rotación aparecerá siempre en forma de capital disponible una parte muy considerable del capital circulante de la sociedad recuperado varias veces en el transcurso del año. Escorts independientes de Barcelona m–d–m es una simple circulación de mercancías cuya primera fase m–d va implícita en la circulación del capital en mercancías M'–D', y por tanto en el ciclo del capital; en cambio su fase complementaria d–m cae ya fuera de este ciclo, como fase aparte de él dentro de la circulación general de mercancías. La circulación de M y m, de valor del capital y plusvalía, se desdobla después de la transformación de M' en D'. De donde se deduce, por tanto: Prostitutas en Madrid Las etiquetas de los sistemas se distinguen de las de otros artículos, entre otras cosas, en que no engañan solamente al comprador, sino también, no pocas veces, al mismo vendedor. El propio Quesnay y sus discípulos más cercanos creían, en efecto, que su divisa feudal era verdadera. Y así siguen pensando todavía hoy nuestros sabios ofíciales. La verdad es que el sistema fisiocrático es la primera versión sistemática de la producción capitalista. El representante del capital industrial –la clase de los arrendatarios– dirige en él todo el movimiento económico. La agricultura es explotada de un modo capitalista; es decir, como empresa de arrendatarios capitalistas, en gran escala; el cultivador inmediato de la tierra es el obrero asalariado. La producción crea, no sólo los artículos útiles, sino también su valor; pero su motivo propulsor es la obtención de plusvalía y su fuente la órbita de la producción, no la de la circulación. Entre las tres clases que figuran como agentes del proceso social de reproducción realizado por medio de la circulación, el explotador directo del trabajo "productivo", el productor de la plusvalía, el arrendatario capitalista, se distingue de quienes se limitan a apropiársela. valencia scorts He aquí una prueba de cuán elásticos son los límites dentro de los cuales pueden las direcciones hábiles de las empresas manejar los conceptos de reparación y reposición con el fin de obtener dividendos. Según la conferencia de R. B. Williams, citada más arriba, diversas sociedades ferroviarias inglesas desglosaban como promedio de una serie de años, para la reparación y los gastos de administración del cuerpo de la vía y de los edificios, las siguientes sumas de la cuenta de los ingresos (por milla inglesa de la longitud de la vía y anualmente) : Guía de escorts en Barcelona Esos psicólogos ingleses, a quienes hasta ahora se deben también los únicos ensayos de construir una historia genética de la moral, –– en sí mismos nos ofrecen un enigma nada pequeño; lo confieso, justo por tal cosa, por ser enigmas de carne y hueso, aventajan en algo esencial a sus libros ––¡ellos mismos son interesantes! Esos psicólogos ingleses ––¿qué es lo que propiamente desean? Queramos o no queramos, los encontramos aplicados siempre a la misma obra, a saber, la de sacar al primer término la partie honteuse [parte vergonzosa] de nuestro mundo interior y buscar lo propiamente operante, lo normativo, lo decisivo para el desarrollo, justo allí donde el orgullo intelectual menos desearía encontrarlo (por ejemplo, en la vis inertiae [fuerza inercial] del hábito, o en la capacidad de olvido, o en una ciega y casual concatenación y mecánica de ideas, o en algo puramente pasivo, automático, reflejo, molecular y estúpido de raíz) ––¿qué es lo que en realidad empuja a tales psicólogos a ir siempre justo en esa dirección? ¿Es un instinto secreto, taimado, vulgar, no confesado tal vez a sí mismo, de empequeñecer al hombre? ¿O quizá una suspicacia pesimista, la desconfianza propia de idealistas desengañados, ofuscados, que se han vuelto venenosos y rencorosos? ¿O una hostilidad y un rencor pequeños y subterráneos contra el cristianismo (y Platón), que tal vez no han salido nunca más allá del umbral de la conciencia? ¿O incluso un lascivo gusto por lo extraño, por lo dolorosamente paradójico, por lo problemático y absurdo de la existencia? ¿O, en fin, –– algo de todo, un poco de vulgaridad, un poco de ofuscación, un poco de anticristianismo, un poco de comezón e imperiosa necesidad de pimienta?... Pero se me dice que son sencillamente ranas viejas, frías, aburridas, que andan arrastrándose y dando saltos en torno al hombre, dentro del hombre, como si aquí se encontraran exactamente en su elemento propio, esto es, en una ciénaga. Con repugnancia oigo decir esto, más aún, no creo en ello; y si es lícito desear cuando no es posible saber, yo deseo de corazón que en este caso ocurra lo contrario, –– que esos investigadores y microscopistas del alma sean en el fondo animales valientes, magnánimos y orgullosos, que saben mantener refrenados tanto su corazón como su dolor y que se han educado para sacrificar todos los deseos a la verdad, a toda verdad, incluso a la verdad simple, áspera, fea, repugnante, no––cristiana, no––moral... Pues existen verdades tales. –– Putas en Alicante En realidad, por paradójico que ello pueda parecer a primera vista, es la propia clase capitalista la que pone en circulación el dinero que sirve para realizar la plusvalía que en las mercancías se contiene. Pero, bien entendido que no lo lanza a la circulación como dinero desembolsado, es decir, como capital. Lo lanza como medio de compra para su consumo individual. No es, por tanto, dinero adelantado por ella, aunque constituya el punto de partida de su circulación. puttane Barcelona En la forma II, P... M' – D' – M... P (P') , el proceso total de circulación sigue a la primera P y precede a la segunda; pero se desarrolla en un orden inverso al de la forma I. El primer P es el capital productivo y su función el proceso de producción como premisa del proceso de circulación subsiguiente. En cambio, el P final no es el proceso de producción; es, simplemente, la reaparición del capital industrial bajo su forma de capital productivo. Y lo es, concretamente, como resultado de la inversión, efectuada en la última fase de la circulación del capital en T + Mp, en los factores subjetivos y objetivos que, unidos, constituyen la forma de existencia del capital productivo. Al final, el capital, sea P o P’ vuelve a presentarse bajo una forma en que tiene necesariamente que funcionar de nuevo como capital productivo, ejecutar el proceso de producción. La forma general del movimiento P... P es la forma de la reproducción y no revela la valorización en cuanto finalidad del proceso, como ocurre tratándose de D... D'. Por eso a la economía clásica le es más fácil prescindir de la forma capitalista concreta del proceso de producción y presentar como finalidad del proceso la producción como tal, es decir, la tendencia a producir la mayor cantidad posible y con la mayor baratura y a cambiar lo producido por la mayor cantidad posible de los más diversos productos, en parte pata renovar la producción (D – M) y en parte para el consumo (D – M). Para lo cual, puesto que aquí D y d sólo se presentan como medios de circulación llamados a desaparecer, se pueden pasar por alto las características tanto del dinero como del capital–dinero, y todo el proceso aparece entonces como un proceso sencillo y natural, es decir, con la naturalidad del vacuo racionalismo. Tratándose del capital–mercancías se olvida también, de vez en cuando, la ganancia, y se la hace figurar, cuando se trata del ciclo de producción en conjunto, simplemente como mercancía, y, tratándose de las partes integrantes del valor, como capital–mercancías. Con ello, la acumulación aparece, naturalmente del mismo modo que la producción. saunas Madrid El capital industrial es la única forma de existencia del capital en que es función de éste no sólo la apropiación de la plusvalía o del producto excedente, sino también su creación. Este capital condiciona, por tanto, el carácter capitalista de la producción; su existencia lleva implícita la contradicción de clase entre capitalistas y obreros asalariados. A medida que se va apoderando de la producción social, revoluciona la técnica y la organización social del proceso de trabajo, y con ellas el tipo histórico–económico de sociedad. Las otras modalidades de capital que aparecieron antes de ésta en el seno de estados sociales de producción pretéritos o condenados a morir, no sólo se subordinan a él y se modifican con arreglo a él en el mecanismo de sus funciones, sino que ya sólo se mueven sobre la base de aquél, y por tanto viven y mueren, se mantienen y desaparecen con este sistema que les sirve de base. El capital–dinero y el capital–mercancías, en la medida en que aparecen, con sus funciones, como exponentes de una rama propia de negocios al lado del capital industrial, no son más que modalidades de las distintas formas funcionales que el capital industrial asume unas veces y otras abandona dentro de la órbita de la circulación, modalidades substantivadas y estructuradas unilateralmente por la división social del trabajo. sado erotico barcelona Dice Adam Smith, libro II, cap. I: "El valor de las semillas hay que considerarlo, en realidad, como si fuera capital fijo”. Por tanto, aquí capital = valor capital: existe en forma “fija”. Aunque [la semilla] va y viene del campo al granero, no cambia de dueño y, por eso, no se puede decir justamente que circula. La ganancia del labrador no consiste en vender la semilla, sino en acrecentarla” (p. 254). La estrechez de visión, aquí, no está en que Smith, como había hecho ya Quesnay, no considere la reaparición del valor del capital constante como4 un factor importante del proceso de reproducción, sino simplemente como un ejemplo más, y además falso, para ilustrar su diferencia entre capital fijo y capital circulante En la traducción que hace Smith de los términos de avances primitives y avances annuelles por “fixed capital" y "circulating capital", el progreso reside en la palabra "capital", cuyo concepto se generaliza, independientemente de su proyección especial sobre el radio “agrícola” de acción de los fisiócratas: el retroceso, en concebir y retener las diferencias entre "fijo y "circulante" como diferencias decisivas. barcelona saunas
Poner a Dios por testigo de algo.
Aquí, se entrelazan diversos procesos de circulación y de producción, que A. Smith no distingue. Prostitutas de lujo en Madrid A. Smith identifica la producción de mercancías en general y la producción capitalista de mercancías; los medios de producción, según él, son de antemano “capital”, el trabajo es de antemano trabajo asalariado; de aquí que “el número de obreros útiles y productivos se halla siempre en proporción a la cantidad de capital empleada en darles ocupación” (to the quantity of the capital stock which is employed in settling them to work. Obra cit., Introducción, pp. 4–5). En una palabra, los diversos factores del proceso de trabajo –los materiales y los personales– aparecen en escena desde el primer momento desempeñando los papeles propios del proceso capitalista de producción. Así se explica que el análisis del valor de la mercancía se haga coincidir directamente con el problema de saber en qué medida este valor crea, de una parte, un número equivalente del capital invertido y de otra parte un valor “libre”, que no resarce ningún valor–capital desembolsado, una plusvalía. Las fracciones del valor de la mercancía, comparadas entre sí desde este punto de vista, se transforman de este modo, por debajo de cuerda, en “partes integrantes” de él con existencia propia, y finalmente en las “fuentes de todo valor”. Otra consecuencia que de aquí se deduce es la composición del valor de la mercancía y, alternativamente, su “descomposición” en rentas de diversas clases, por donde las rentas no consisten en valor de mercancías, sino éste en “rentas”. Pero, del mismo modo que la naturaleza de un valor mercancías qua (25) valor–mercancías o del dinero qua dinero no cambia por el hecho de que funcionen como valor–capital, aquél no sufre tampoco modificación por el hecho de funcionar más tarde como renta de unos o de otros. La mercancía de que se ocupa A. Smith es ya de antemano capital–mercancía (que encierra, además del valor–capital consumido en la producción de la mercancía, la plusvalía), es decir, mercancía producida por métodos capitalistas, el resultado del proceso capitalista de producción. Hubiera sido necesario, por tanto, analizar previamente este proceso y también, por consiguiente, el proceso de valorización y de creación de valor contenido en él. Y, como éste tiene por premisa, a su vez, la circulación de mercancías, no es posible exponerlo sin un análisis, previo e independiente de él, de la mercancía. A. Smith, aun en los casos en que, procediendo “esotéricamente”, da en el clavo de un modo transitorio, nunca se refiere a la producción de valor más que con ocasión del análisis de la mercancía, es decir, del análisis del capital mercancías. Sauna relax Barcelona “Todo capital fijo se deriva originariamente del circulante, y en él se sustenta continuamente. Cualquier máquina o instrumento útil tiene su origen en un capital circulante, que suministra los materiales de que se elaboran, y el alimento del operario que los fabrica; es necesario además un buen capital de la misma naturaleza para mantenerlos constantemente en buen estado de conservación”(p. 256). señorita de compañia en madrid Veíamos en la sección cuarta, al estudiar la producción de la plusvalía relativa, que, dentro del sistema capitalista, todos los métodos encaminados a intensificar la fuerza productiva social del trabajo se realizan a expensas del obrero individual: todos los medios enderezados al desarrollo de la producción se truecan en medios de explotación y esclavizamiento del productor, mutilan el obrero convirtiéndolo en un hombre fragmentario, lo rebajan a la categoría de apéndice de la máquina, destruyen con la tortura de su trabajo el contenido de éste, le enajenan las potencias espirituales del proceso del trabajo en la medida en que a éste se incorpora la ciencia como potencia independiente; corrompen las condiciones bajo las cuales trabaja; le someten, durante la ejecución de su trabajo, al despotismo más odioso y más mezquino; convierten todas las horas de su vida en horas de trabajo; lanzan a sus mujeres y sus hijos bajo la rueda trituradora del capital. Pero, todos los métodos de producción de plusvalía son, al mismo tiempo, métodos de acumulación y todos los progresos de la acumulación se convierten, a su vez, en medios de desarrollo de aquellos métodos. De donde se sigue que, a medida que se acumula el capital, tiene necesariamente que empeorar la situación del obrero, cualquiera que sea su retribución, ya sea ésta alta o baja. Finalmente, la ley que mantiene siempre la superpoblación relativa o ejército industrial de reserva en equilibrio con el volumen y la intensidad de la acumulación mantiene al obrero encadenado al capital con grilletes más firmes que las cuñas de Vulcano con que Prometeo fue clavado a la roca. Esta ley determina una acumulación de miseria equivalente a la acumulación de capital. Por eso, lo que en un polo es acumulación de riqueza es, en el polo contrario, es decir, en la clase que crea su propio producto como capital, acumulación de miseria, de tormentos de trabajo, de esclavitud, de despotismo y de ignorancia y degradación moral. www.girlsbcn.com Por lo tanto, lo sorprendente, en esta legislación inglesa de 1867, es, de una parte, la necesidad en que se ve el parlamento de las clases gobernantes de aceptar en principio una serie de medidas tan extraordinarias y tan extensas contra los excesos de la explotación capitalista; de otra parte, la mediocridad, la repugnancia y la mala fe con que las lleva a la práctica. videos de girlsbcn Marx no ha tenido la suerte de poder corregir para la imprenta la tercera edición de su obra. Aquel formidable pensador ante cuya grandeza se inclinan ahora hasta sus propios enemigos, murió el 14 de marzo de 1883. escorts alto standing Los últimos despojos de la superpoblación relativa son, finalmente, los que se refugian en la órbita del pauperismo. Dejando a un lado a los vagabundos, los criminales, las prostitutas, en una palabra. al proletariado harapiento (“lumpenproletariado”) en sentido estricto, esta capa social se halla formada por tres categorías. Primera: personas capacitadas para el trabajo. Basta consultar superficialmente la estadística del pauperísmo inglés para convencerse de que la masa de estas personas aumenta con todas las crisis y disminuye en cuanto los negocios se reaniman. Segunda: huérfanos e hijos de pobres. Estos seres son candidatos al ejército industrial de reserva, y en las épocas de gran actividtd, como en 1860 por ejemplo, son enrolados rápidamente y en masa en los cuadros del ejército obrero en activo. Tercera: degradados, despojos, incapaces para el trabajo. Se trata de seres condenados a perecer por la inmovilidad a que les condena la división del trabajo, de los obreros que sobreviven a la edad normal de su clase y, finalmente, de las víctimas de la industria, cuyo número crece con las máquinas peligrosas, las minas, las fábricas químicas, etc., de los mutilados, los enfermos, las viudas, etc. El pauperismo es el asilo de inválidos del ejército obrero en activo y el peso muerto del ejército industrial de reserva. Su existencia va implicita en la existencia de la superpoblación relativa, su necesidad en la necesidad, y con ella constituye una de las condiciones de vida de la producción capitalista y del desarrollo de la riqueza. Figura entre los faux frais (130) de la producción capitalista, aunque el capital se las arregle, en gran parte, para sacudirlos de sus hombros y echarlos sobre las espaldas de la clase obrera y de la pequeña clase media.
Hemos visto cómo la maquinaria destruye la cooperación basada en el trabajo manual y la manufactura, establecida sobre el régimen de división del trabajo de ese tipo. Ejemplo del primer fenómeno es la máquina de segar, que viene a sustituir a la cooperación de varios obreros segadores. Ejemplo palmario del segundo fenómeno lo tenemos en la máquina para fabricar agujas de coser. Según Adam Smith, en su tiempo 10 hombres, mediante la división del trabajo, fabricaban unas 48,000 agujas al día. Hoy, una sola máquina fabrica 145,000, con una jornada de trabajo de 11 horas. Una sola mujer o una muchacha vigila, por término medio, cuatro máquinas de éstas, produciendo, por tanto, gracias a la maquinaria, hacia 600,000 agujas diarias, lo que supone una cifra de más de 3.000,000 de agujas semanales.160 En los casos en que una sola máquina–herramienta pasa a ocupar el puesto de la cooperación o de la manufactura, puede, a su vez, servir de base para organizar una industria manufacturera. Pero, en realidad, esta reproducción de la manufactura, basada en la maquinaria, no es más que el tránsito hacía la fábrica, tránsito que se opera, por regla general, tan pronto como la fuerza mecánica motriz, el vapor o el agua, viene a sustituir a los músculos del hombre en el manejo de las máquinas. De un modo esporádico y siempre como fenómenos de transición, puede ocurrir que la pequeña industria se alíe a la fuerza mecánica motriz, alquilando el vapor, como se hace en algunas manufacturas de Birmingham, empleando pequeñas máquinas de aire caliente, como ocurre en ciertas ramas de la industria textil etc.161 En la rama de tejidos de seda de Coventry se desarrolló de un modo natural el experimento de las "fábricas–cottages". En el centro de una colonia de cottages, construida en forma de cuadrado, se levantaba una llamada Engine House, en la que se instalaba la máquina de vapor, unida por medio de correas a los telares de los cottages. El vapor se alquilaba, por ejemplo, al tipo de 2½ chelines por telar. Esta renta era pagadera por semanas, lo mismo si los telares funcionaban que si estaban parados. En cada cottage se montaban de dos a seis telares, de propiedad de los obreros, comprados a crédito o alquilados. Entre las fábricas–cottages y las verdaderas fábricas, se entabló una lucha que duró más de doce años. Este duelo terminó con la ruina total de las 300 cottage–factories existentes.162 En los casos en que el carácter del proceso no exigía desde el primer momento una producción en gran escala, las industrias de nueva creación, como por ejemplo las de fabricación de sobres, plumas de acero, etc., recorre, por regla general, en estos últimos decenios, una senda que, pasando por la industria manual y la industria manufacturera, como fases rápidas de transición, conduce a la industria fabril. Esta metamorfosis presenta un carácter más difícil allí donde la producción manufacturera de los artículos fabricados no entraña una escala de procesos evolutivos sino una diversidad de procesos heterogéneos. Este fue, por ejemplo, el gran obstáculo con que tropezaron las fábricas de plumas de acero. Sin embargo, hace unos 15 años se inventó una máquina automática que permitía ejecutar 6 procesos heterogéneos al mismo tiempo. La industria manual lanzó al mercado las primeras 12 docenas de plumas de acero en 1820, a 7 libras esterlinas y 4 chelines la docena; en 1830, la manufactura las suministraba ya a 8 chelines; hoy, las fábricas las venden por mayor al precio de 2 a 6 peniques.168 saunas madrid “En mi reciente viaje de inspección al norte de Irlanda –dice el inspector fabril inglés Robert Baker–, me impresionó el esfuerzo hecho por un obrero irlandés calificado para dar una educación a sus hijos, a pesar de su gran penuria. Citaré literalmente su declaración, tal y como la recogí de sus labios. En prueba de que se trata de un obrero diestro, baste decir que se le emplea en la fabricación de artículos para el mercado de Manchester. Johnson: Soy beetler y trabajo desde las 6 de la mañana hasta las 11 de la noche, de lunes a viernes; los sábados, terminamos hacía las 6 de la tarde y nos quedan 3 horas para comer y descansar. Por este trabajo gano 10 chelines y 6 peniques a la semana; mi mujer trabaja también y gana 5 chelines semanales. Tengo 5 hijos. La hija mayor, que tiene doce años, cuida de la casa. Es nuestra cocinera y la única ayuda que tenemos. Prepara a los hermanitos menores para mandarlos a la escuela. Mi mujer se levanta cuando yo y salimos de casa juntos. Una muchacha que pasa por delante de mi casa todas las mañanas, me despierta a las 5 y media. No comemos nada antes de entrar a trabajar. Mi hija mayor, con sus doce años, cuida de los pequeños todo el día. Nos desayunamos a las 8, volviendo para ello a casa. Tenemos té una vez a la semana; los demás días, una papilla (stirabout) que unas veces es de avena y otras veces de harina de maíz, lo que podemos conseguir. En invierno, añadimos a la harina de maíz un poco de agua y azúcar. En verano, recogemos algunas patatas, que sembramos en un pedacito de tierra; cuando se acaban, volvemos a la papilla. Y así un día y otro, domingos y días de semana, todo el año. Por las noches, al terminar la faena, me siento siempre fatigadísimo. Como extraordinario, comemos a veces un bocado de carne, pero muy de tarde en tarde. Mandamos a tres niños a la escuela, por la que tenemos que pagar un penique por cada uno a la semana. Por alquiler de casa pagamos 9 peniques semanales; la turba y el fuego nos cuestan, cuando menos un chelín y 6 peniques cada dos semanas.”140 ¡Ahí tenéis los salarios de Irlanda, ahí tenéis la vida de un obrero irlandés! escort barcelona Fijémonos en Inglaterra. Su economía política clásica aparece en un período en que aún no se ha desarrollado la lucha de clases. Es su último gran representante, Ricardo, quien por fin toma conscientemente como eje de sus investigaciones la contradicción de los intereses de clase, la contradicción entre el salario y la ganancia y entre la ganancia y la renta del suelo, aunque viendo simplistamente en esta contradicción una ley natural de la sociedad. Al llegar aquí, la ciencia burguesa de la economía tropieza con una barrera para ella infranqueable. Todavía en vida de Ricardo y enfrentándose con él, la economía burguesa encuentra su crítico en la persona de Sismondi.3 bcnbox El productor directo, el obrero, no pudo disponer de su persona hasta que no dejó de vivir sujeto a la gleba y de ser esclavo o siervo de otra persona. Además, para poder convertirse en vendedor libre de fuerza de trabajo, que acude con su mercancía a dondequiera que encuentra mercado para ella, hubo de sacudir también el yugo de los gremios, sustraerse a las ordenanzas sobre los aprendices y los oficiales y a todos los estatutos que embarazaban el trabajo. Por eso, en uno de sus aspectos, el movimiento histórico que convierte a los productores en obreros asalariados representa la liberación de la servidumbre y la coacción gremial, y este aspecto es el único que existe para nuestros historiadores burgueses. Pero, si enfocamos el otro aspecto, vemos que estos trabajadores recién emancipados sólo pueden convertirse en vendedores de si mismos, una vez que se ven despojados de todos sus medios de producción y de todas las garantías de vida que las viejas instituciones feudales les aseguraban. El recuerdo de esta cruzada de expropiación ha quedado inscrito en los anales de la historia con trazos indelebles de sangre y fuego. graficas barcelona El capital constante, es decir, los medios de producción, no tienen, considerados desde el punto de vista del proceso de incrementación del capital, más finalidad que absorber trabajo, absorbiendo con cada gota de trabajo una cantidad proporcional de trabajo excedente. Mientras están inmóviles, su simple existencia implica una pérdida negativa para el capitalista, ya que durante el tiempo que permanecen inactivos representan un desembolso ocioso de este capital, y esta pérdida se convierte en positiva tan pronto como su paralización exige desembolsos adicionales para reanudar el trabajo. Prolongando la jornada de trabajo por encima de los límites del día natural, hasta invadir la noche, no se consigue más que un paliativo, sólo se logra apagar un poco la sed vampiresa de sangre de trabajo vivo que siente el capital. Por eso es algo inmanente a la producción capitalista la ambición de absorber trabajo durante las 24 horas del día. Pero, como esto es físicamente imposible estrujando día y noche sin interrupción las mismas fuerzas de trabajo, para vencer este obstáculo físico no queda más camino que relevar las fuerzas de trabajo devoradas durante el día y durante la noche, relevo que admite diferentes métodos, pudiendo por ejemplo organizarse de tal modo, que una parte del personal obrero trabaje una semana de día y otra de noche, etc. Como es sabido, este sistema de relevos o régimen de turnos era el aplicado durante el periodo juvenil y próspero de la industria algodonera inglesa, entre otras, y es también el que florece actualmente en las hilanderías de algodón del departamento de Moscú. Como sistema, este proceso de producción de 24 horas diarias sólo impera hoy en muchas ramas industriales inglesas todavía libres, v. gr., en los altos hornos, forjas, talleres de laminación y otras manufacturas de metales de Inglaterra, Gales y Escocia. En estas industrias, el proceso de trabajo no sólo abarca las 24 horas de los 6 días de labor, sino también, en su mayor parte, las 24 horas del domingo. El personal obrero está formado por hombres y mujeres adultos y niños de ambos sexos. La edad de los niños y jóvenes oscila desde los 8 (en algunos casos desde los 6) hasta los 18 años.60 En algunas ramas, las muchachas y las mujeres trabajan también durante la noche mezcladas con los hombres.61 discotecas en barcelona Cuando reaparece en la fábrica automática la división del trabajo, es siempre con el carácter primordial de distribución de los obreros entre las máquinas especializadas y de asignación de masas de obreros, que no llegan a formar verdaderos grupos orgánicos, a los diversos departamentos de la fábrica, donde trabajan en máquinas–herramientas iguales o parecidas, alineadas las unas junto a los otras, en régimen de simple cooperación. El grupo orgánico de la manufactura es sustituido por la concatenación del obrero principal con unos pocos auxiliares. La distinción esencial es la que se establece entre los obreros que trabajan efectivamente en las máquinas–herramientas (incluyendo también en esta categoría a los obreros que vigilan o alimentan las máquinas motrices) y los simples peones que ayudan a estos obreros mecánicos (y que son casi exclusivamente niños). Entre los peones se cuentan sobre poco más o menos todos los feeders (que se limitan a suministrar a las máquinas los materiales trabajados por ellas). Además de estas clases, que son las principales, hay el personal, poco importante numéricamente, encargado del control de toda la maquinaria y de las reparaciones continuas: ingenieros, mecánicos, carpinteros, etc. Trátase de una categoría de trabajadores de nivel superior, que en parte tienen una cultura científica y en parte son simplemente artesanos, y que se mueve al margen de la órbita de los obreros fabriles, como elementos agregados a ellos.95 Como se ve, esta división del trabajo es puramente técnica. Oscus Barcelona A su vez, la mercancía que figura como equivalente general se halla excluida de la forma relativa única y por tanto general del valor del mundo de las mercancías. Si el lienzo, es decir la mercancía que reviste forma de equivalente general, pudiese compartir además la forma relativa general del valor, tendría forzosamente que hacer de equivalente para consigo misma. Y así, llegaríamos a la fórmula de 20 varas de lienzo = 20 varas de lienzo, perogrullada que no expresaría ni valor ni magnitud de valor. Para expresar el valor relativo del equivalente general, no tenemos más remedio que volver los ojos a la forma III. El equivalente general no participa de la forma relativa del valor de las demás mercancías, sino que su valor se expresa de un modo relativo en la serie infinita de todas las demás mercancías materiales. Por donde la forma relativa desarrollada del valor o forma II, se presenta aquí como forma relativa específica del valor de la mercancía que hace funciones de equivalente. pisos en barcelona 49 H. Fawcett, profesor de Economía política en Cambridge, The Economic Position of the British Labourer, Londres, 1865, p. 120.